jueves, 30 de noviembre de 2017

Bienvenida

Cándido López

Vista interior de Curuzú mirado de aguas arriba (norte a sur) el 20 de septiembre de 1866

Este es el blog de sexto año
Vas a encontrar material y actividades para trabajar

viernes, 16 de junio de 2017

Los debates por la Ley Electoral

Los debates por la Ley de Sufragio Universal, Secreto y obligatorio (enero y febrero de 1912)

Los textos que se presentan a continuación son fragmentos de las intervenciones de algunos diputados y senadores que hablaron en las sesiones donde se debatía la “Ley Saenz Peña”. Se trata de reconstrucciones realizadas por M. Á. Cárcano, exceptuando las que son citas textuales y aparecen entrecomilladas.

Sobre el voto obligatorio

-Benito Villanueva (senador): “El voto obligatorio es un peligro para la libertad del sufragio”.
-Joaquín V. González (senador) “¡En este país no se ha votado nunca!". Sólo han existido algunos ensayos de buena fe. El votante tiene horror al comicio que es "la sangre, la violencia o el atropello brutal".
Prevalece la ausencia de sanción para el fraude. (…) Con la falta de fe en la acción cívica, el pueblo se convence de que no hay más camino para modificar las situaciones que la revolución. Estas han tenido como alicientes la seguridad de la amnistía y la confianza de la impunidad.
-Ignacio Irigoyen (senador). (…)No cree en el voto obligatorio. "Nuestro mal político está en la falta de fiscalización de las elecciones por la oposición y el indiferentismo de la gran masa de inmigrantes que ha llegado al país."


Sobre la representación de las minorías

-Joaquín V. González (senador): Los grandes delincuentes siempre quedan impunes. El sistema de la lista incompleta está poco estudiado. El gobierno padece una ilusión óptica. Es un sistema oficial, que aparta al elector del elegido y mata todo entusiasmo. Es una ley de destrucción de partidos. Con ella el Congreso será movido, oscilante, inquieto, intermitente, incoherente. La mayoría será una masa dependiente de la minoría, como un satélite.
-Fonrouge (diputado). Sostiene el despacho en sus temas principales: "El elector es el soldado de la República". Este sistema "novedoso" de la lista incompleta asegura la representación de las "grandes minorías", evita la unanimidad de los oficialismos de provincia y estimula la formación de poderosos partidos. "No hay nación civilizada donde la oposición no se siente en la Cámara." La experiencia del sistema uninominal ha sido mala; rebaja la calidad del diputado y destruye los partidos. Si se diera la participación a todas las oposiciones, dice, las representaciones serían infinitas como las ideas, y la Cámara dejaría de ser un cuerpo legislativo para convertirse en una "turba" que sólo haría alterar la tranquilidad del país.
-Marco Aurelio Avellaneda (diputado). Plantea su discrepancia con energía, haciendo francamente el elogio del sistema de lista. Todo el progreso del país fue alcanzado durante su vigencia. No se puede restringir el derecho del votante con la lista incompleta, ni tiene por qué estimular en el Congreso partidos antagónicos. El control y la oposición surgen de la falta de solidaridad política y el choque de intereses del regionalismo nacional. Las minorías forzadas, establecidas por un mecanismo artificial, perturban la marcha de los gobiernos provinciales. La reforma propiciada por el gobierno es inocua, antidemocrática e inconstitucional. Significa una ofrenda de paz a un partido que vive conspirando. Termina aconsejando al gobierno que se preocupe de asuntos más importantes que la reforma electoral.


Cárcano, Miguel Angel. La revolución por los comicios. Buenos Aires, Eudeba, 1976.

viernes, 9 de junio de 2017

El Centenario

En el siguiente video se analiza  el contexto de los festejos del primer Centenario de la Revolución de Mayo  (1910). La  guía de consignas orienta ese análisis.

1.     En base a lo estudiado hasta el momento: ¿Cómo se puede sintetizar la llamada “prosperidad económica” de la Argentina?
2.     Según el video: ¿Cuál era la contraparte social de esa “prosperidad”
3.     ¿Qué grupos lideraban la protesta social hacia 1910 y por qué lo hacían? ¿Por qué el gobierno implantó el estado de sitio?
4.     ¿Cuáles eran sus propuestas (diferenciarlas en cada grupo) y cual fue la reacción del Estado? Vincular con la legislación estudiada en la clase anterior.
5.     ¿Por qué el anarquismo era considerado un peligro social?

viernes, 19 de mayo de 2017

Legislación sobre inmigración

1.  Leer el Preámbulo y el artículo nº 20 y resolver las siguientes consignas:

-    Marcar aquellas palabras clave vinculadas con la migración de extranjeros a la Argentina.
-    ¿Qué garantías ofrecía el Estado Argentino? ¿Por qué?

“Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina”.

Artículo 20.- Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; navegar los ríos y costas; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes. No están obligados a admitir la ciudadanía, ni a pagar contribuciones forzosas extraordinarias. Obtienen nacionalización residiendo dos años continuos en la Nación; pero la autoridad puede acortar este término a favor del que lo solicite, alegando y probando servicios a la República.



2. La Constitución hace referencia a los inmigrantes porque desde el Estado se estimulaba el poblamiento con trabajadores europeos. La legislación tendió a fortalecer esas políticas pero también a “controlar” a quienes podían llegar y permanecer en el territorio argentino.

2.1. Leer el siguiente fragmento que sintetiza la legislación argentina referida a las migraciones y a la situación de los extranjeros, compararlo con lo trabajado en la Constitución y resolver las consignas:
    -           ¿Por qué te parece que era necesario un “marco normativo” para la inmigración?
    -           ¿Por qué el Estado puso en vigencia las leyes de residencia y defensa social?
    -           ¿Qué es el estado de sitio?  (Podés consultar el artículo nº 23 de la Constitución Nacional)


    La Ley Avellaneda (817/1876) estableció el marco normativo entre fines del siglo XIX y comienzos del XX y más del 70% de quienes ingresaron bajo su amparo o eran españoles e italianos. Esta migración difería de la imaginada por los proyectos de Alberdi y Sarmiento que fomentaban que los migrantes fueran ingleses, suizos y franceses. La sindicalización de los trabajadores,  sus protestas y manifestaciones incidieron para que en 1902 se sancionara la Ley de Residencia (4144/1902) por la cual el poder ejecutivo estaba autorizado para acusar, detener juzgar y expulsar a los inmigrantes “cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público”. La conflictividad social se acrecentaba producto del déficit de vivienda y salud y las huelgas y manifestaciones constituían formas de expresión de esos conflictos.
    Posteriormente en 1910 la Ley de Defensa Social (7029/10) restringió los criterios de admisión para extranjeros condenados por delitos comunes, para “anarquistas y otros que promuevan ataques contra las instituciones”.  Hay que recordar además que los festejos del primer Centenario se realizaron bajo estado de sitio. En palabras de Claudia Briones (2008) “esos festejos no buscaron hablar de las diferencias que surcaban la nación. A pesar de hechos y voces en disidencia, eran tiempos de apostar a una “educación patriótica” orientada a concretar los idearios de civilización, progreso y homogénea blancura” (Briones, 2008, p. 40).

    jueves, 18 de mayo de 2017

    Inmigración y cuestión social

    Miren el siguiente video, luego lean la obra de teatro que está en el link y resuelvan las consignas:
    http://www.encuentro.gov.ar/sitios/encuentro/programas/ver?rec_id=50006

    Muchos inmigrantes resistían las medidas represivas del Estado, en especial quienes adherían a ideas socialistas o anarquistas y se expresaban a través de la prensa y de la literatura.
    Florencio Sánchez, un escritor uruguayo radicado en Argentina escribió varias obras de teatro entre las cuales se encuentra la que tituló “El desalojo”. En ella se puede advertir el componente social de marginación que afectaba a muchos inmigrantes.

    Leer la obra con la guía de consignas:


    1. De acuerdo a la lectura de la obra de teatro que se hizo previamente a la clase:
               1.1.  Identificar personajes principales y su pertenencia nacional, social y ocupacional.
         1.2. ¿Cuál es la problemática que el autor esboza respecto de las cuestiones sociales y económicas que se derivan de la migración?
         1.3.¿Podés establecer alguna relación con la Constitución y la legislación analizada anteriormente? ¿Y con el video?





      viernes, 5 de mayo de 2017

      Provincias y Estado Nacional

      Las siguientes páginas corresponden al libro: Un nuevo orden político: provincias y estado Nacional de Beatriz Bragoni y Eduardo Míguez

      Seguir el link para acceder el texto:
      https://drive.google.com/file/d/0B4QDsfJAO6DeX3NsV3FjSWhZMzg/view?usp=sharing

      viernes, 21 de abril de 2017

      La Confederación rosista

      Carta de Juan Manuel de Rosas a Facundo Quiroga
      Extraído de: Chiaramonte, José Carlos. 1997. Ciudades, provincias, estados: Orígenes de la Nación Argentina (1800-1846)., Buenos Aires: Ariel.
      Mi querido compañero señor don Juan Facundo Quiroga:
      […] Me parece que al buscar Ud. la paz, y orden desgraciadamente alterados, el argumento más fuerte, y la razón más poderosa que debe Ud. manifestar a esos señores gobernadores, y demás personas influyentes, en las oportunidades que se le presenten aparentes, es el paso retrógrado que ha dado la Nación, alejando tristemente el suspirado día de la gran obra de la Constitución Nacional. ¿Ni qué otra cosa importa, el estado en que hoy se encuentra toda la República? Usted y yo diferimos a que los pueblos se ocupasen de sus constituciones particulares, para que después de promulgadas entrásemos a trabajar los cimientos de la gran Carta Nacional.
       […] Obsérvese que una muy cara y dolorosa experiencia nos ha hecho ver prácticamente que es absolutamente necesario entre nosotros el sistema federal porque, entre otras razones de sólido poder, carecemos totalmente de elementos para un gobierno de unidad. […] Después de esto, en el estado de agitación en que están los pueblos, contaminados todos de unitarios, de logistas, de aspirantes, de agentes secretos de otras naciones, y de las grandes logias que tienen en conmoción a toda Europa, ¿qué esperanza puede haber de tranquilidad y calma al celebrar los pactos de la Federación, primer paso que debe dar el Congreso Federativo? En el estado de pobreza en que las agitaciones políticas han puesto a todos los pueblos, ¿quiénes, ni con qué fondos podrán costear la reunión y permanencia de ese Congreso, ni menos de la administración general? Fuera de que si en la actualidad apenas se encuentran hombres para el gobierno particular de cada provincia, ¿de dónde se sacarán los que hayan de dirigir toda la República? ¿Habremos de entregar la administración general a ignorantes, aspirantes, unitarios, y a toda clase de bichos?

       […] En una palabra, la unión y tranquilidad crea el Gobierno general, la desunión lo destruye; él es la consecuencia, el efecto de la unión, no es la causa, y si es sensible su falta, es mucho mayor su caída, porque nunca sucede ésta sino convirtiendo en escombros toda la República. No habiendo, pues, hasta ahora entre nosotros, como no hay, unión y tranquilidad, menos mal es que no exista, que sufrir los estragos de su disolución […]El Cielo tenga piedad de nosotros, y dé a Ud. salud, acierto, y felicidad en el desempeño de su comisión; y a los dos, y demás amigos, iguales goces, para defendernos, precavernos, y salvar a nuestros compatriotas de tantos peligros como nos amenazan. Juan M. de Rosas, Dic de 1834.

      sábado, 1 de abril de 2017

      Revolución y guerras

      Sigan el siguiente link  para ver un video hasta el minuto 17:
      http://encuentro.gob.ar/programas/serie/8001/6?temporada=1



      Sigan el siguiente link para leer el artículo de Noemí Goldman: "Crisis imperial, revolución y guerra"  (p 21-69)

      http://ens9004.mza.infd.edu.ar/sitio/upload/Nueva_Historia_Argentina_Tomo_3.pdf


      miércoles, 8 de marzo de 2017

      Bloch y Brecht

      Tiempo histórico
      Marc Bloch afirma que la Historia es la ciencia que estudia a los hombres en el tiempo. El historiador respira naturalmente la duración. El tiempo de la historia es el plasma en que se bañan los fenómenos y el lugar de su inteligibilidad. Este tiempo es un continuo y un cambio perpetuo. De la antítesis de estos atributos provienen los grandes problemas de la investigación histórica.

      El tiempo es inseparable de la Historia, pero el tiempo histórico no es el mismo que el físico. El tiempo histórico no es unidimensional. El tiempo de los historiadores es el que viven los individuos, el de su organización social y económica. La permanencia de determinadas estructuras es lo que determina los grandes períodos históricos y su evolución. Permanencia y movimiento en el tiempo es lo que interesa a los historiadores.
      En los años setenta se vivió la pérdida de seguridad, el agotamiento de los paradigmas que durante varias décadas habían ejercido un influjo decisivo como el funcionalismo, el estructuralismo, el marxismo fueron cuestionados. 
      Ellos habían apuntado al poder explicativo de las teorías. La respuesta a la crisis desde la propia historiografía ha permitido, la aparición de propuestas nuevas: la micro-historia, la historia sociocultural o la de las representaciones. Estos nuevos enfoques comenzaron, por primera vez,  a prestar atención a otros sujetos históricos.

      Preguntas de un obrero ante un libro
                     B. Brecht

      Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó?
      En los libros figuran los nombres de los reyes.
      ¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
      Y Babilonia, destruida tantas veces,
      ¿quién la volvió a construir otras tantas?¿En qué casas
      de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
      La noche en que fue terminada la Muralla china,
      ¿adónde fueron los albañiles? Roma la Grande
      está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
      ¿Sobre quiénes triunfaron los Césares? Bizancio, tan cantada,
      ¿tenía sólo palacios para sus habitantes? Hasta en la fabulosa Atlántida,
      la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban
      pidiendo ayuda a sus esclavos.
      El joven Alejandro conquistó la India.
      ¿El sólo?
      César venció a los galos.
      ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
      Felipe II lloró al hundirse
      su flota. ¿No lloró nadie más?
      Federico II ganó la Guerra de los Siete Años.
      ¿Quién la ganó, además?
      Una victoria en cada página.
      ¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
      Un gran hombre cada diez años.

      ¿Quién paga sus gastos?

      martes, 7 de marzo de 2017

      Historia reciente y memoria

      Marina Franco y  Florencia Levín: El pasado cercano en clave historiográfica (fragmentos)
      Capítulo incluido en  Franco, M. y Levín, F. (comp.). Historia reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción. Buenos Aires, Paidós, 2007 
       
      Tiempo, historia e historiografía 
      Es un dato de nuestros tiempos que el pasado cercano se ha constituido en objeto de gran presencia y centralidad, casi de culto, en el mundo occidental. Se trata de un pasado abierto, de algún modo inconcluso, cuyos efectos en los procesos individuales y colectivos se extienden hacia nosotros y se nos vuelven presentes. De un pasado que irrumpe imponiendo preguntas, grietas, duelos. De un pasado que, de un modo peculiar y característico, entreteje las tramas de lo público con lo más íntimo, lo más privado y lo más propio de cada experiencia. De un pasado que, a diferencia de otros pasados, no está hecho sólo de representaciones y discursos socialmente construidos y transmitidos sino que está además alimentado de vivencias y recuerdos personales, rememorados en primera persona. Se trata, en suma, de un pasado “actual” o, más bien, de un pasado en permanente proceso de “actualización” y que, por tanto, interviene en las proyecciones a futuro. Hoy en día, diversas prácticas sociales y culturales, así como un número creciente de disciplinas y campos de investigación, hacen del pasado cercano su objeto e incluso a veces su excusa y medio de legitimación. La memoria, en primer término, como práctica colectiva de rememoración, intervención política y construcción de una narrativa impulsada por diversas agrupaciones e instituciones surgidas tanto de la sociedad civil como del Estado, parece tener la voz cantante en este vuelco hacia el pasado reciente. Asimismo, la tematización de aspectos de ese pasado en el cine (ficción y documental) y la literatura, la aparición de un sinnúmero de estudios periodísticos, la construcción de museos y memoriales, los encendidos debates públicos y sus repercusiones en las columnas de los diarios, así como el auge de los testimonios en primera persona de los protagonistas de ese pasado, dan cuenta de su creciente preponderancia en el espacio público. 
      En el terreno estrictamente historiográfico, el acrecentado interés por este pasado cercano se ha manifestado en el renovado auge de un campo de investigaciones que, con diversas denominaciones –historia muy contemporánea, historia del presente, historia de nuestros tiempos, historia inmediata, historia vivida, historia reciente, historia actual– se propone hacer de ese pasado cercano un objeto de estudio legítimo para el historiador. Lejos de tratarse de una cuestión trivial o anecdótica, la gran diversidad de denominaciones demuestra la existencia de algunas dificultades e indeterminaciones a la hora de establecer cuál es la especificidad de este campo de estudios. En efecto, ¿cuál es el pasado cercano? ¿Qué período de tiempo abarca? ¿Cómo se define ese período? ¿Qué tipo de vinculación diferencial tiene este pasado con nuestro presente, en relación con otros pasados “más lejanos”?  Un camino posible para responder estos interrogantes es tomar la cronología como criterio para establecer la especificidad de la historia reciente. Si bien ésta es una opción posible y de hecho bastante utilizada, existen sin embargo algunos problemas. Para empezar, a diferencia de otros pasados más remotos sobre los cuales se han construido y sedimentado, no sin dificultades y disputas, fechas de inicio y cierre, no existen acuerdos entre los historiadores a la hora de establecer una cronología propia para la historia reciente (ni a nivel mundial ni a nivel de las historias nacionales). Además, aun si se resolviera el problema de establecer las fronteras cronológicas precisas, nos enfrentaríamos al hecho de que al cabo de un cierto tiempo (cincuenta o cien años, por ejemplo), ese pasado hoy considerado “cercano” dejaría de ser tal. En consecuencia, el objeto de la historia reciente tendría una existencia relativamente corta en cuanto tal.  Estas dificultades muestran que la cronología no necesariamente es el camino más adecuado para definir las particularidades de la historia reciente. Por eso, a la hora de establecer cuál es su especificidad, muchos historiadores concuerdan en que ésta se sustenta más bien en un régimen de historicidad particular basado en diversas formas de coetaneidad entre pasado y presente: la supervivencia de actores y protagonistas del pasado en condiciones de brindar sus testimonios al historiador, la existencia de una memoria social viva sobre ese pasado, la contemporaneidad entre la experiencia vivida por el historiador y ese pasado del cual se ocupa. Desde esta perspectiva, los debates acerca de qué eventos y fechas enmarcan la historia reciente carecen de sentido en tanto y en cuanto ésta constituye un campo en constante movimiento, con periodizaciones más o menos elásticas y variables (Bédarida, 1997: 31).  Por otra parte, si consideramos el conjunto de investigaciones abocadas al estudio del pasado cercano encontramos que los criterios antes mencionados suelen estar atravesados por otro componente no menos relevante: el fuerte predominio de temas y problemas vinculados a procesos sociales considerados traumáticos: guerras, masacres, genocidios, dictaduras, crisis sociales y otras situaciones extremas que amenazan el mantenimiento del lazo social y que son vividos por sus contemporáneos como momentos de profundas rupturas y discontinuidades, tanto en el plano de la experiencia individual como colectiva. Si en la práctica profesional el predominio de estos temas es un fenómeno recurrente, lo cierto es que no existen razones de orden epistemológico o metodológico para que la historia reciente deba quedar circunscripta a eventos de ese tipo. Finalmente, y en estrecha vinculación con lo anterior, parece evidente que otro elemento que sin duda interviene en el establecimiento de lo que es considerado “pasado cercano” es la apreciación de los propios actores vivos, quienes reconocen como “historia reciente” determinados procesos enmarcados en un lapso temporal que no siempre, y no necesariamente, guardan una relación de contigüidad progresiva con el presente, pero que en definitiva para esos actores adquieren algún sentido en relación con el tiempo actual y eso es lo que justifica el vínculo establecido (Visacovsky: 2006). En suma, tal vez la especificidad de esta historia no se defina exclusivamente según reglas o consideraciones temporales, epistemológicas o metodológicas sino, fundamentalmente, a partir de cuestiones siempre subjetivas y siempre cambiantes que interpelan a las sociedades contemporáneas y que trasforman los hechos y procesos del pasado cercano en problemas del presente. En ese caso, tal vez haya que aceptar que la historia reciente, en tanto disciplina, posee este núcleo de indeterminación como rasgo propio y constitutivo. A pesar de ello, lo cierto es que la historia reciente, en tanto disciplina, tiene ya una trayectoria relativamente larga dentro de la historiografía occidental contemporánea cuyos orígenes se remontan a las experiencias inéditas y críticas de la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión y poco después la Segunda Guerra Mundial (…).
      Ahora bien, si la historia reciente constituye un campo que tiene más de medio siglo de vida la pregunta que surge es por qué ahora, en los últimos tiempos, ha cobrado aún más vigor. La respuesta a este interrogante es ciertamente compleja y sólo puede esbozarse teniendo en cuanta una multiplicidad de procesos y variables.  En primer lugar, es preciso mencionar las profundas transformaciones que han afectado por entero al mundo y a nuestras representaciones sociales sobre él. En una dimensión amplia y secular, la sucesión de masacres modernas y organizadas –entre ellas, las guerras mundiales, el Holocausto y los sucesivos genocidios– a lo largo de este último siglo (de cuya repetición y lógica sólo se ha tomado conciencia recientemente) ha puesto en cuestión el presupuesto del progreso humano acuñado en los siglos precedentes. Así, la toma de conciencia de esta nueva realidad ha enfrentado crudamente a la humanidad con la necesidad de comprender su pasado cercano. Junto a ello, la crisis y descomposición del bloque de los países del Este, la crisis sostenida del capitalismo a nivel internacional y, más recientemente, la reinvención de un nuevo enemigo para Occidente y la reconstitución de un escenario bélico mundial, han terminado de derrumbar las viejas certezas y han dejado lugar a nuevas incertidumbres que impactan fuertemente, entre otras cosas, en las modalidades a partir de las cuales las sociedades occidentales se relacionan con su pasado (dentro de las cuales la historia es tan sólo una).
       (…)
      Algunos desafíos para la historiografía de la historia reciente 
      Dadas las peculiaridades de la historia reciente, fundamentalmente las que se derivan de su particular régimen de historicidad, el trabajo del investigador dedicado al estudio del pasado cercano se ve atravesado por una serie de vinculaciones complejas con un conjunto de prácticas, discursos e interacciones sociales y de su propio tiempo que lo obligan a confrontar con perspectivas diversas y a revisar y reelaborar permanentemente su propia posición y su propia práctica. En particular, nos interesa trabajar la relación de la historia con la memoria, con el testimonio y con la gran expectativa social acerca del pasado cercano que se traduce en una demanda de respuestas e incluso de intervenciones públicas por parte de los especialistas. 
      Memoria
      Comencemos por señalar que por memoria se puede denominar una amplia y variada gama de discursos y experiencias. Por un lado, memoria puede aludir tanto a la capacidad de conservar o retener ideas previamente adquiridas como, contrariamente, a un proceso activo de construcción simbólica y elaboración de sentidos sobre el pasado. Por otro lado, la memoria es una dimensión que atañe tanto a lo privado, es decir, a procesos y modalidades estrictamente individuales y subjetivas de vinculación con el pasado (y por ende con el presente y el futuro) como a la dimensión pública, colectiva e intersubjetiva (…). Más allá de estas distintas vertientes que aluden a objetos diversos, cuando los investigadores, filósofos o teóricos hablan de memoria pueden estar haciendo referencia a dos órdenes completamente diversos que, sin embargo, pueden guardar entre sí estrechas y complejas relaciones. Por una parte, con frecuencia la noción de memoria hace referencia a una dimensión epistémica que, precisamente, señala esos diversos objetos mencionados - discursos, recuerdos, representaciones (tanto individuales como colectivas)- como así también a un subcampo disciplinar específico que se encarga de su estudio. Pero, en otro orden, la noción de memoria alude a la capacidad y, sobre todo, al deber ético de extraer de la masa informe de los muertos las individualidades y las historias sustraídas (Tafalla, 1999: 90) para restituir, por más imposible que resulte esa tarea, las identidades abolidas y ocultadas por los regímenes de exterminio industrializado. En este caso, la memoria, o lo que muchas veces se denomina “razón anamnética”, constituye un imperativo ético que deriva de la línea del mal radical, de lo inconmensurable, del crimen imprescriptible e imperdonable (Ricoeur, 2000). Estas dos vertientes suelen aparecer entremezcladas, confundidas e indiscriminadas en muchos de los extensos debates teóricos acerca de la memoria.  El espacio privilegiado que el acto de “hacer memoria” –en cualquiera de sus formas: pública o privada, individual o colectiva– ha adquirido en las últimas décadas en las sociedades occidentales ha planteado una suerte de querella de prioridades con la historia, lo cual ha dado lugar a largos y fructíferos y debates.  Sintéticamente, podemos reconocer dos modalidades antitéticas y ciertamente maniqueas de comprender la relación entre la historia y la memoria (considerada, esta última, en su dimensión epistémica): de una parte, están quienes plantean que existe entre ambas una oposición binaria; de otra, quienes suponen que, en definitiva, historia y memoria son la misma cosa. En el primer caso, se opone un saber historiográfico capturado por los preceptos positivistas de verdad y objetividad a una memoria fetichizada y acrítica. En el segundo, se entiende que la memoria es la esencia de la historia y, por lo tanto, se da por supuesta una historia ficcionalizada y mitificada (LaCapra, 1998: 16-19).  Sin embargo, es posible (y deseable) superar estas posturas simplistas a partir del reconocimiento de que historia y memoria son dos formas de representación del pasado gobernadas por regímenes diferentes que, sin embargo, guardan una estrecha relación de interpelación mutua: mientras que la historia se sostiene sobre una pretensión de veracidad, la memoria lo hace sobre una pretensión de fidelidad (Ricoeur, 2000), pretensión ésta que se inscribe en esa dimensión ética de la memoria mencionada más arriba. En esta lógica de mutua interrelación, la memoria tiene una función crucial con respecto a la historia, en tanto y en cuanto permite negociar en el terreno de la ética y de la política aquello que debiera ser preservado y transmitido por la historia (LaCapra, 1998: 20).  Desde el punto de vista de la historia, la relación con la memoria puede ser establecida de diversas maneras: la historia puede cumplir un importante papel en la construcción de las memorias en la medida en que su saber erudito y controlado permite “corregir” aquellos datos del pasado que la investigación encuentra alterados y sobre los que se construyen las memorias (Jelin, 2002). Pero este rol de la historia como “correctora” no debiera suponer el   establecimiento de una contraposición entre “la verdad” de la historia frente a las “deformaciones” de la memoria. De otro modo, se caería en la ilusión de que la historiografía puede independizarse de la memoria y, sometida a sus propias reglas de validación, liberarse de la selectividad y la subjetividad que gobiernan la memoria. Como es fácil advertir, este vínculo entre historia y memoria no es nada sencillo y la confrontación es casi inevitable cuando las reglas de la producción historiográfica sitúan al historiador en una visión diferente y a veces opuesta a la de otros actores que brindan sus testimonios sobre los mismos hechos y procesos que aborda el investigador (Pomian, 1999:379-80).  Por su parte, la memoria puede ser muy útil para reconstruir ciertos datos del pasado a los cuales es imposible acceder a partir de otro tipo de fuentes (Jelin, 2002) aunque, ciertamente, los historiadores deben recurrir a una serie de resguardos metodológicos ya que los individuos no son repositorios pasivos de datos históricos coherentes y asequibles sino que, en su proceso de recordar, las subjetividades, deformaciones, olvidos y ambigüedades se cuelan a veces incluso de modo solapado (James, 2004: 127; Portelli, ob.cit.). Sin embargo, como dice Alessandro Portelli, la importancia del testimonio oral no reside tanto en su “adherencia al hecho” como en su alejamiento del mismo, cuando afloran la imaginación, el simbolismo y el deseo. En este caso, las fuentes orales, basadas en las memorias individuales, permiten no tanto, o no sólo la reconstrucción de hechos del pasado, sino también, mucho más significativamente, el acceso a subjetividades y experiencias que, de otro modo, serían inaccesibles para el investigador (Portelli, 1991: 42-43). Así, esta puerta que abren la memoria y el testimonio oral constituye la base de una vertiente muy rica y en pleno auge de una historiografía que toma la subjetividad como un objeto de estudio tan legítimo como cualquier otro.  Ahora bien, si la singularidad y trascendencia de la memoria para cada persona que ha vivido una experiencia es inobjetable, el fin de la historiografía no es dar cuenta de esa trascendencia sino pensar, enmarcar, “normalizar” en una cierta lógica lo que para cada individuo es excepcional e intransferible (Traverso, 2005). En ese sentido, la historiografía debe “servirse” de la memoria sin necesariamente rendirse ante ella, debe guardar el respeto por esa singularidad intransferible de la experiencia vivida, pero no puede, sin embargo, entregarse a ella completamente. 
      (…)

      Bibliografía
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